Las culturas son formas de vidas que se expresan a través de los valores y la interacción de las personas, no se conceptualiza como una “totalidad absoluta” que se perpetúa y determina los comportamientos de sus integrantes, sino que es un “proceso dinámico”, en constante cambio y transformación realizado por los integrantes de la comunidad, por sus historias, ideología, contexto, acciones, creencias y valores (Beneke & Cheatham, 2016; Plancarte, 2017; Hijonosa & Vázquez, 2018).
Según la
definición propuesta por varios autores, se puede decir que la cultura se
aprende, se construye colectivamente, está en constante transformación y por
tanto puede cambiarse, pero esto no quita para demostrar que la cultura puede
cambiarse desde fuera mediante simples discursos razonables, la
globalización o los caprichos de la cultura dominante.
Por tanto, el reconocimiento de la diversidad configura una nueva forma de entender las relaciones socioeducativas y culturales, nuevas maneras de pensar, actuar, convivir y sentir, alternativas globales dispuestas para generar un aprendizaje funcional y para la vida –pilares básicos- (Delors, 1996).
Las escuelas necesitan implementar estrategias de enseñanza para que
los estudiantes con discapacidades tengan las herramientas para lograr un
aprendizaje significativo sin limitaciones o barreras físicas o de aprendizaje.
Es entonces cuando los profesionales de apoyo llenan los vacíos producidos en las escuelas como en el caso de Primaria, con los maestros de educación especial y, son muchos los que dejan de ejercer su función de apoyo Revista Nacional e Internacional de Educación Inclusiva ISSN: 1889-4208.; e-ISSN 1989-4643. Volumen 10, Número 1, Junio 2017 110 a los maestros y se dedican a cubrir otras necesidades. Es así como el especialista deja de ser el contrafuerte que se apoya en la pared maestra y se dedica a tapar agujeros (Jarque, 2016).



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